El feminismo como movimiento social democrático

Cuarto Trimestre
Boletin de Divulgación
Escrito por: Lic. Pamela Sacoenel Palacio
Visitas únicas: Contador de Visitas Únicas | CDE PAN CHIHUAHUA

El 2021 se convirtió en el segundo año consecutivo en el que las mujeres mexicanas, sumadas a cientos de movimientos similares alrededor del mundo, protestaron y se ausentaron de las actividades del día a día para hacer notar la relevancia que cobran en nuestra sociedad. Mediante esta decisión se hace notar que un México sin mujeres es uno paralizado, sin funciones. Otro de los objetivos de esta actividad es simular un día sin mujeres a razón de las altas tasas de feminicidios que tienen lugar en nuestro país.

El feminismo en México tomó lugar a inicios del siglo XX, alrededor de 1916 en Yucatán un grupo de mujeres compuesto por maestras, además de personas de clase media, encabezaron dos congresos en los que se trataba de lograr un consenso alrededor de las reformas educativas y sociales de aquella época.

En nuestro país podemos identificar tres puntos importantes dentro del proceso llevado por el colectivo feminista. Aunque las luchas buscan lograr siempre una mayor equidad en el acceso de oportunidades, así como garantizar que el ejercicio de nuestros derechos se lleve sin que el sexo sea un factor determinante, han tenido enfoques que enmarcan las necesidades sociales dentro del periodo en que se desarrollaron. El periódico MILENIO enmarca estos tres episodios como a continuación se presentan:

• De 1970 a 1980, las mujeres establecieron el sentimiento de lucha por sus derechos nombrada “organización, establecimiento y lucha”.

• La segunda etapa, llevada a cabo en los 80, se trató del “estancamiento y despegue”, que llevó a la confrontación entre las integrantes de clase media, sectores urbanos y de los sindicatos.

• La tercera y última, en la época de los 90, llamada “de alianzas y conversiones”, se basó en la búsqueda de la democratización.

Las discusiones alrededor de los temas que se plantearon en las diversas etapas del movimiento feminista no se hicieron esperar, es natural que surjan críticas cuando se pone en jaque la zona de confort de una sociedad completa. A pesar de ello, los temas centrales en los que se ha basado siempre la ejecución de actividades en estos movimientos giran siempre entorno a los roles de las mujeres en lo político, social, cultural, y económico.

Como se ha visto en los planteamientos anteriores ni la democracia ni el feminismo son corrientes completamente aisladas o separadas entre sí. De hecho, la democracia y esta ideología social van siempre de la mano. ¿Cuál es el punto en el que los fundamentos de ambas corrientes se encuentran?

La primera situación por las que el feminismo es uno de los ejes centrales en los movimientos democráticos radica en la proposición de normativas y políticas publicas dentro del debate legislativo. Las instituciones, en lo general, son grandes cuerpos del estado en el que difícilmente se contemplan las voces de todos aquellos a los que representa. Es deber de las mujeres acercar a estas instancias una vida con perspectiva de género; contemplarlas en la creación de nuevos proyectos durante el trabajo legislativo acerca al gobierno hacia un camino más equitativo.

Parte de los preceptos en el proceso de consolidación de la democracia tienen que ver con la idea de una ciudad igualitaria entre ciudadanos claramente diferenciados. Con esto nos referimos en que, aunque en derechos, somos garantes de estos, la democracia entiende que somos seres individuales con necesidades muy diversas. En sus obligaciones, el estado es responsable de anticipar el movimiento de nuestras comunidades en temas sociales y culturales para evitar que las problemáticas actuales tomen magnitud. Entender a través del sentir de las mujeres u otros grupos minoritarios dentro de nuestras comunidades, trae consigo la posibilidad de reducir la inconformidad social.

La democracia como forma de gobierno tiene como objetivo garantizar el bienestar colectivo. Tanto la economía, como la sociedad o la cultura han sido impregnadas por una cultura machista en la que la opinión de los hombres ha sido el motor de los cambios en nuestros gobiernos, instituciones y representantes. Actualmente se pretende reducir la brecha de desigualdades mediante la aplicación de estrategias tales como la ley de Paridad de Género con la que se incentiva la participación política de las mujeres. De esta forma el gobierno se pone al frente en la sensibilización respecto de la inclusión de las mujeres en aquellas actividades que por mucho tiempo se consideraban exclusivas de los hombres.

Como sociedad estamos lejanos de garantizar comunidades donde las mujeres estén seguras tanto en lo social, como en lo cultural, económico o político. El deber de todos es colaborar en la sensibilización respecto de las diferencias y las desventajas a las que se les ha sometido para que a partir de ello se genere la oleada de cambios que tanto se requieren.



TOP