El 2021 se convirtió en el segundo año consecutivo en el que las mujeres mexicanas,
sumadas a cientos de movimientos similares alrededor del mundo, protestaron y se
ausentaron de las actividades del día a día para hacer notar la relevancia que cobran
en nuestra sociedad. Mediante esta decisión se hace notar que un México sin mujeres
es uno paralizado, sin funciones. Otro de los objetivos de esta actividad es simular un
día sin mujeres a razón de las altas tasas de feminicidios que tienen lugar en nuestro
país.
El feminismo en México tomó lugar a inicios del siglo XX, alrededor de 1916 en Yucatán
un grupo de mujeres compuesto por maestras, además de personas de clase media,
encabezaron dos congresos en los que se trataba de lograr un consenso alrededor de
las reformas educativas y sociales de aquella época.
En nuestro país podemos identificar tres puntos importantes dentro del proceso
llevado por el colectivo feminista. Aunque las luchas buscan lograr siempre una mayor
equidad en el acceso de oportunidades, así como garantizar que el ejercicio de
nuestros derechos se lleve sin que el sexo sea un factor determinante, han tenido
enfoques que enmarcan las necesidades sociales dentro del periodo en que se
desarrollaron. El periódico MILENIO enmarca estos tres episodios como a
continuación se presentan:
• De 1970 a 1980, las mujeres establecieron el sentimiento de lucha por sus derechos
nombrada “organización, establecimiento y lucha”.
• La segunda etapa, llevada a cabo en los 80, se trató del “estancamiento y
despegue”, que llevó a la confrontación entre las integrantes de clase media, sectores
urbanos y de los sindicatos.
• La tercera y última, en la época de los 90, llamada “de alianzas y conversiones”, se
basó en la búsqueda de la democratización.
Las discusiones alrededor de los temas que se plantearon en las diversas etapas del
movimiento feminista no se hicieron esperar, es natural que surjan críticas cuando se
pone en jaque la zona de confort de una sociedad completa. A pesar de ello, los temas
centrales en los que se ha basado siempre la ejecución de actividades en estos
movimientos giran siempre entorno a los roles de las mujeres en lo político, social,
cultural, y económico.
Como se ha visto en los planteamientos anteriores ni la democracia ni el feminismo
son corrientes completamente aisladas o separadas entre sí. De hecho, la democracia
y esta ideología social van siempre de la mano. ¿Cuál es el punto en el que los
fundamentos de ambas corrientes se encuentran?
La primera situación por las que el feminismo es uno de los ejes centrales en los
movimientos democráticos radica en la proposición de normativas y políticas publicas
dentro del debate legislativo. Las instituciones, en lo general, son grandes cuerpos del
estado en el que difícilmente se contemplan las voces de todos aquellos a los que
representa. Es deber de las mujeres acercar a estas instancias una vida con
perspectiva de género; contemplarlas en la creación de nuevos proyectos durante el
trabajo legislativo acerca al gobierno hacia un camino más equitativo.
Parte de los preceptos en el proceso de consolidación de la democracia tienen que ver
con la idea de una ciudad igualitaria entre ciudadanos claramente diferenciados. Con
esto nos referimos en que, aunque en derechos, somos garantes de estos, la
democracia entiende que somos seres individuales con necesidades muy diversas. En
sus obligaciones, el estado es responsable de anticipar el movimiento de nuestras
comunidades en temas sociales y culturales para evitar que las problemáticas
actuales tomen magnitud. Entender a través del sentir de las mujeres u otros grupos
minoritarios dentro de nuestras comunidades, trae consigo la posibilidad de reducir la
inconformidad social.
La democracia como forma de gobierno tiene como objetivo garantizar el bienestar
colectivo. Tanto la economía, como la sociedad o la cultura han sido impregnadas por
una cultura machista en la que la opinión de los hombres ha sido el motor de los
cambios en nuestros gobiernos, instituciones y representantes. Actualmente se
pretende reducir la brecha de desigualdades mediante la aplicación de estrategias
tales como la ley de Paridad de Género con la que se incentiva la participación política
de las mujeres. De esta forma el gobierno se pone al frente en la sensibilización
respecto de la inclusión de las mujeres en aquellas actividades que por mucho tiempo
se consideraban exclusivas de los hombres.
Como sociedad estamos lejanos de garantizar comunidades donde las mujeres estén
seguras tanto en lo social, como en lo cultural, económico o político. El deber de todos
es colaborar en la sensibilización respecto de las diferencias y las desventajas a las
que se les ha sometido para que a partir de ello se genere la oleada de cambios que
tanto se requieren.